Hace un tiempo les compartí lo que menciona Pablo acerca de los Judíos incrédulos en su tiempo, eso mismo podríamos decir de algunos que dicen ser cristianos en nuestros días: “En su favor puedo decir que tienen un gran deseo de servir a Dios; solo que ese deseo no está basado en el verdadero conocimiento” (Romanos 10:2) DHH.
Muchos tienen deseos sin conocimiento y entusiasmo sin instrucción. Por eso, estamos seguros de que: “ellos tienen muchos deseos de servir a Dios, pero no saben cómo hacerlo”.
Dios quiere: “Entusiasmo dirigido por conocimiento, y que este inflamado por el entusiasmo”.
Muchos tienen deseos sin conocimiento y entusiasmo sin instrucción. Por eso, estamos seguros de que: “ellos tienen muchos deseos de servir a Dios, pero no saben cómo hacerlo”.
Dios quiere: “Entusiasmo dirigido por conocimiento, y que este inflamado por el entusiasmo”.
“La entrega sin reflexión es fanatismo en acción, pero la reflexión sin entrega es la parálisis de toda acción” (Dr. Juan Mackay).
Hoy en día predomina el espíritu del anti-intelectualismo. El mundo moderno estimula una actitud y pensamiento que valora sobre todo la utilidad y el valor práctico de las cosas: su pragmatismo minusvalora los sentimientos.
Por lo tanto, la primera pregunta acerca de cualquier idea no es: ¿Es verdad? Sino ¿Da resultado?
Los jóvenes tenemos la tendencia a ser activistas (defensores de una causa), y rara vez averiguamos con seriedad si esa causa es un fin digno para preocuparnos o si nuestra acción es el mejor medio para lograrlo.
El refugio de la ignorancia.
“Lo que me asusta de esta generación es la medida en que se refugia en la ignorancia. Si el no saber nada sigue mucho más, no faltará que alguien descubra… la rueda” (Mordecai Richler).
Este fantasma del anti-intelectualismo surge periódicamente para amenazar a la iglesia cristiana. Considera a la teología con desagrado y desconfianza. A continuación citaremos algunos ejemplos.
Los cristianos católicos han dado un fuerte énfasis a los ritos.
Esta por lo menos ha sido una característica tradicional en el catolicismo, aunque muchos católicos contemporáneos prefieren la sencillez, y aun la austeridad. Ahora bien, el ceremonial externo no debe despreciarse si se trata de una expresión clara de la verdad bíblica.
El peligro de los ritos consiste en que fácilmente degeneran en ritualismo, esto es, en una mera realización en la cual la ceremonia se ha convertido en un fin en sí mismo, un sustituto desprovisto de significado del culto.
Unas décadas atrás, podía verse otro ejemplo en el énfasis de algunos cristianos en la acción social o y política.
La preocupación de aquellos movimientos no estaba ya en el ecumenismo en sí o en cuestiones de fe y disciplina. La prioridad era alimentar a los hambrientos, alojar a los que carecen de hogar, combatir el racismo, asegurar la justicia para los oprimidos, promover programas de ayuda en naciones en desarrollo y apoyar los movimientos revolucionarios del tercer mundo.
Aunque las cuestiones de la violencia y la intervención cristiana en la política sean controvertidas, en general uno debe aceptar que la lucha por el bienestar, la dignidad y la libertad de todos los seres humanos, es una empresa cristiana.
No obstante, podríamos decir que esta preocupación debía gran parte de su fuerza a la desesperanza de alcanzar un acuerdo ecuménico. El activismo crecía a expensas de la reflexión teológica, una tarea que no puede evitarse si las iglesias del mundo han de ser reformadas y renovadas, no digamos unidas.
Nuestro tercer ejemplo, son los cristianos pentecostales, muchos de los cuales hacen de la experiencia el principal criterio de verdad.
Uno de ellos dijo que lo que importa en ultimo termino “no es la doctrina, sino la experiencia”. Esto equivale a poner nuestra experiencia por encima de la verdad revelada de Dios.
Otros dicen creer que Dios da deliberadamente a las personas manifestaciones ininteligibles a fin de pasar por sobre su orgulloso intelecto y así humillarlo. Sin duda: “Dios humilla el orgullo de los hombres; pero no desprecia la mente que el mismo ha creado…”
Estos tres énfasis: el de muchos católicos sobre el ritual, el de algunos protestantes sobre la acción social y el de algunos pentecostales sobre la experiencia, son hasta cierto punto síntomas de la misma enfermedad del anti-intelectualismo.
Los cristianos católicos han dado un fuerte énfasis a los ritos.
Esta por lo menos ha sido una característica tradicional en el catolicismo, aunque muchos católicos contemporáneos prefieren la sencillez, y aun la austeridad. Ahora bien, el ceremonial externo no debe despreciarse si se trata de una expresión clara de la verdad bíblica.
El peligro de los ritos consiste en que fácilmente degeneran en ritualismo, esto es, en una mera realización en la cual la ceremonia se ha convertido en un fin en sí mismo, un sustituto desprovisto de significado del culto.
Unas décadas atrás, podía verse otro ejemplo en el énfasis de algunos cristianos en la acción social o y política.
La preocupación de aquellos movimientos no estaba ya en el ecumenismo en sí o en cuestiones de fe y disciplina. La prioridad era alimentar a los hambrientos, alojar a los que carecen de hogar, combatir el racismo, asegurar la justicia para los oprimidos, promover programas de ayuda en naciones en desarrollo y apoyar los movimientos revolucionarios del tercer mundo.
Aunque las cuestiones de la violencia y la intervención cristiana en la política sean controvertidas, en general uno debe aceptar que la lucha por el bienestar, la dignidad y la libertad de todos los seres humanos, es una empresa cristiana.
No obstante, podríamos decir que esta preocupación debía gran parte de su fuerza a la desesperanza de alcanzar un acuerdo ecuménico. El activismo crecía a expensas de la reflexión teológica, una tarea que no puede evitarse si las iglesias del mundo han de ser reformadas y renovadas, no digamos unidas.
Nuestro tercer ejemplo, son los cristianos pentecostales, muchos de los cuales hacen de la experiencia el principal criterio de verdad.
Uno de ellos dijo que lo que importa en ultimo termino “no es la doctrina, sino la experiencia”. Esto equivale a poner nuestra experiencia por encima de la verdad revelada de Dios.
Otros dicen creer que Dios da deliberadamente a las personas manifestaciones ininteligibles a fin de pasar por sobre su orgulloso intelecto y así humillarlo. Sin duda: “Dios humilla el orgullo de los hombres; pero no desprecia la mente que el mismo ha creado…”
Estos tres énfasis: el de muchos católicos sobre el ritual, el de algunos protestantes sobre la acción social y el de algunos pentecostales sobre la experiencia, son hasta cierto punto síntomas de la misma enfermedad del anti-intelectualismo.
“Son vías de escape por las cuales se trata de evitar la responsabilidad que Dios nos ha dado como cristianos, de emplear nuestras mentes”.
No es mi anhelo proponer un cristianismo seco, malhumorado y académico, sino una calida devoción inflamada por la verdad.
Por eso aspiramos a un equilibrio bíblico y que se eviten los extremos del fanatismo.